Lugares de placer y diversión

Los burdeles, lugares íntimos de deseo y fantasía todavía tienen un poder de fascinación importante en la sociedad actual. Los prostíbulos no son nuevos ya que ayer encontramos huellas que datan de la antigua Roma. En la ciudad de Pompeya, Italia, se han encontrado las ruinas de un burdel de diez salas, en la Región VII excavaciones. Este es el único local dedicado a esta actividad, que se ha clasificado en la ciudad, aunque se sabe que en la época, las tabernas funcionaban como burdeles encubiertos con frecuencia. En el lupanar de Pompeya, todavía pueden apreciarse las pinturas de la planta baja, que se conservan en muy buen estado. En ellas podemos observar, cerca de una higuera, a Príapos, dios menor griego de la fertilidad, representado con dos falos que sujeta con sus manos.
La evolución en las casas de citas de prostitutas, tuvo lugar en el París durante el reinado de Luis IX, quien llevó a cabo una política sobre la prostitución revolucionaria. Bajo su reinado, se creó el primer decreto que regulaba la actividad de la prostitución. Desde ese momento, las llamadas “damas de virtud fácil” se asentaron en casas ubicadas a lo largo del río Sena, a las afueras de la ciudad. Estos lugares se llamaron “burdel” en referencia al borde del agua, dando origen al término tal y como lo conocemos hoy en día. Y así nació el término burdel. A lo largo de la historia, estos lugares han sido tolerados o reprimidos, dependiendo de la época. Pero desde sus inicios, lo que ha sido evidente, es que siempre han representado una gran fuente de ingresos para las ciudades. Esta es la razón por la que los burdeles o lupanares, siempre han estado en mano del clero, el rey, el Estado o los municipios, de manera más o menos transparente. A través de los siglos, muchos de estos locales, han abandonado sus orígenes clandestinos, para convertirse en instituciones más formales y participar en la vida social de las ciudades.
Los burdeles también han sido protagonistas de obras del arte y la literatura. Autores de la talla de Van Gogh o Tolouse-Lautrec, entre muchos otros, inmortalizaron en sus obras estos lugares. En el caso del pintor parisino, que fue considerado como “el alma de Montmartre”, el barrio donde vivía, sus pinturas representan la vida en Moulin Rouge y otros cabarets de Montmartre y teatros o París, pintó Aristide Bunting y en los burdeles que frecuentaba y donde tal vez contrajo sífilis. Tenía una habitación permanente en uno de los burdeles más famosos de la época “La flor blanca”. Tres mujeres conocidas en la noche de París marcaron su vida y su obra, Jane Avril, la cantante Yvette Guilbert y Louise Weber, conocida como La Goulue, bailarina de cancán.
Vincent Van Gogh también sucumbió a los encantos de estos locales en la noche parisina donde se conviertió en el amante de Agostina Segatori, una bailarina italiana del cabaret Le Tambourin, ubicado en el bulevar Clichy. La literatura y el cine también han utilizado estos lugares como escenario para sus historias. Novelas como Los Burdeles de Ad-Dara de Alfonso Azpiri, Canciones de Amor en Lolita’s Club de Juan Marsé o La Casa Verde del premio novel de literatura Mario Vargas Llosa. El cine, también ha retratado estos lugares, conviertiéndolos en protagonistas de muchas de sus historias. Algunos ejemplos son película del director mexicano Roberto Ripstein titulada El lugar sin límites del año 1977, basada en la novela de José Donoso, bajo el mismo título. La Casa de la Remolienda de Joaquin Eyzaguirre, filmada en el año 2007, basada también en una novela, en este caso en la obra dramática “La Remolienda” de Alejandro Sieveking. Otro ejemplo, lo encontramos en la película El roto (perjudícame cariño) del año 2004 dirigida por Alberto Daiber y basada en la homónima de Joaquín Edwards Bello. El protagonista nos introduce en el mítico burdel “La Gloria”. Vicente Aranda, también llevó al cine la adaptación de la novela antes citada de Juan Marsé Canciones de Amor en Lolita’s Club.